Wednesday, February 13, 2013

Carga Pesada

Cada vez que Don Vitin, el dueño de "La Ribereña" un barcito estratégicamente bien ubicado al frente del puerto interno de Iquitos sobre el gran Amazonas y que estaba también convenientemente  al costadito de mi oficina, tenía que interrumpir una de nuestras interesantes  partidas de ajedrez,  me decía lo mismo, Veras que estos bochincheros también son de tu zona.  Y por mi "zona" se refería a la Costa.

Si, si hubiera mantenido el record de estas interrupciones determinaríamos con precisas estadísticas que un porcentaje alarmante de costeños chupamos para pelear o cosa similar.  Mientras los de la Selva lo hacen para calentar aun más su sangre y luego ir a "enfriar".

Esa muestra de que algo anda mal en nuestras cabezas costeñas, y en mi caso particular, con la de los limeños, lo comprobaba al poco de regresar a la ciudad desde la provincia.  Al poco de estar conversando con el taxista y recibiendo los reportes de los acontecimientos del mes ausente, la conclusión de ambos era la mismita del mes anterior:  Estábamos gravemente enfermos de la cucuma.

Preguntándome la razón de este cambalache mental que nos afecta tanto a mí como  a mis paisanos, lo primero que tendría que responder es que ojala Dios lo sepa y este trabajando en la solución.  Mas, como lo primero que se nos ocurre, por lo general siempre está equivocado, me exige a buscar otro pensamiento y en este intento te pido que me acompañes unas líneas más para ver si llegamos a algo concreto sobre el que trabajar.

Cada pueblo, como cada hombre, carga sobre los hombros su Karma.  Es decir, cada pueblo carga con la responsabilidad de sus actos e incluso también con el peso de sus pensamientos y palabras.  Por lo que debemos de ver que es lo que tanto nos pesa que ya nos es tan difícil el "caminar derechos".
Lima, nuestra Lima, si algo la distingue por encima de todo, pienso que es una ciudad que desde que la fundaron, y fundieron también, ha ido perdiendo constante e irreversiblemente área de poder e influencia.  No conozco de otro caso mayor en la historia contemporánea que un grupo humano haya perdido tanto por tan poco.  Listar los territorios perdidos y las escabrosas circunstancias que envuelven estos vergonzosos episodios de nuestra "centrifuga" historia está por demás pues no hay quien desconozca entre nosotros esta dolorosa realidad. 

Hay un común denominador en cada una de estos episodios de desmembramiento de un territorio que a pesar de estar notablemente disminuido, sigue siendo bocado de piratas, bucaneros, traidores y "avezados empresarios".  El desentender el bien público como algo intrínseco al bien personal es ya tradición.  Y esta adoptada tradición nos ha hecho repetir errores como elegir galifardos comprobados para aliviar nuestro miedo por lo que consideramos riesgoso y sumamente peligroso a nuestro bolsillo, a nuestro negocio, a nuestra seguridad económica.  Es así que hasta negamos lo ya comprobado y nos hacemos los ligeritos mentales, los que poco sabemos.  Y, sin perdon,  traicionamos los valores que decimos apreciar.

El país no nos ha importado o nos importa hasta que el bien de la republica no exija un riesgo a perder lo que consideramos constituye nuestro privilegiado status.   No importa que.
Así de simple lo veo.  Y no porque tengo la suerte de tener la piedra filosofal a mi costadito, y eso que la tenia, mas gracias a Dios la perdí ya hace una buena pila de años, y cuando esto sucede nos vemos obligados a observar la realidad y buscar interpretarla sin distorsionarla a nuestra conveniencia. 

Limeños, dejemos de traicionar a nuestra ciudad, a nuestro país, a nosotros mismos.  La oportunidad de hacer lo que sabemos correcto siempre está presente.  Una patria es fuerte cuando la defienden ciudadanos con claros y definidos principios.

Dejemos de perder.


1 comment:

Enrique Góngora Padilla said...

Cuánta razón. El bien público saqueado por "self-seeking individuals" metidos a la política para medrar. Resultado: el limeño con su autoestima ciudadana por los suelos y un olímpico umbral de tolerancia a las practicas corruptas. Un abrazo, Toño