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Sunday, November 1, 2009

REINICIACION

Va entrando con fuerza el friecito en el norte de nuestro gran islón obligándonos a buscar la cueva del oso más cercano. En este proceso, cambiar los trotes y caminatas al aire libre por ejercicios en el gimnasio es de cajón y es asi como llegamos a la primera clase de yoga de la temporada. Fui temprano para ubicarme en un lugar discreto y no perturbar la unidad del grupo que practica continuamente y que ya conforma un valet tibetano armonioso y por demás ultra silencioso. Rapidito escogí el lugar óptimo en el fondo sobre un altillo de madera alfombrada, plataforma de una sola grada que aporta una visión estratégica. Retiré unos taburetes que nada tenían que hacer con lo que nos proponíamos, tendí mi petate y arranqué a estirar mi cuerpo recontra endurecido. Al ratito llego mi mujercita y listos estábamos cuando la profesora apagó las luces dejando el cuarto en agradable penumbra, una musiquita de agüita en arroyo, el saludo tradicional, Namaste, Namaste, tendidos en el suelo aflojábamos todos los músculos sobretodo los del cerebro, escuchando la voz de la guía que llega como de lontano. Todo perfecto; bueno, casi todo pues una lucecita de la escalera de escape me daba en plena cara como pantalla eléctrica en interrogatorio policial, perturbando mi reiniciación en el mundo del relajo. Sigilosamente me paré y de pie puntillas subí por la escalera y acabé con la impertinente luz. Regresaba hacia mi ubicación y ya casi llegando que me doy contra los taburetitos que había dejado arremolinados por ahí, cayendo al piso dando un volatín completo y ovillándome entre los venditos armatostes produciendo un sonoro redoble de percusión envidiable hasta por la más bulliciosa banda de rock moderno pesado que acabó con todo el relajo logrado por toda la concurrencia. Joder con la lucecita esta de mierda, madre de mis desgracias del día. Tendido otra vez sobre el suelo y esta vez bien golpeado, con la piernas entreveradas entre taburetes, ¿Esta bien? preguntó la mujercita de voz arrurú que nos guía, después de un segundo de real meditación un si con larga pronunciación de la vocal que evidenciaba mi duda al respecto y que a su vez suplicaba un trágame tierra, despertó risitas de infame incomprensión con el caído. De situaciones así habrá nacido eso de que del árbol caído todos hacen leña; menos mal que la oscuridad, ahora casi total y no gracias a la providencia, me amparó en ese trance ominoso sin cadenas ni largos tiempos. Se me acerca la profe y habla para que la escuche solo yo, Por eso es que siempre dejo esa lucesita encendida. Como el golpe enseña, creo, que esa, ya la aprendí.

Recogimos los restos de lo que había quedado de los taburetes pues que mala es la industria moderna, reensamble mis huesos y reanudamos nuestra peregrinación mental hacia las tierras de los lamas hasta llegar a las exigentes posiciones en las que hay que topar el codo derecho con la rodilla izquierda sustentados sobre esa misma pierna y poniendo la otra estirada hacia atrás o donde puedas, girando el cuerpo para observar hacia la dirección que apuntan los dedos que buscan hacerle cosquillas a la axila del infinito, Mantengan la posición, sientan el relajamiento del cuerpo con cada exhalación, no fuercen mas allá de lo que su cuerpo les indica; en esas estábamos cuando, impertinentemente, un pedo traidor de esos tipo trompeta resonó en el ambiente de tal manera que el sonido salio con tal énfasis que fue como que si mi poto gritara ¡presente! demostrando que la sandía podrá ser uno de los alimentos mas saludables pero produce gas y del tipo eruptivo. Miré al costado, Olgui, mi amorcito lindo, estaba en total meditación, barrí los 180 grados en frente a mi, pues como les dije estábamos en el cómplice fondo, y lo mismo, todos en lo suyo; me alivié pensando que el pedo, sonido y olor, había sido absorbido por mi poderoso poder mental, pero que poder ni que ocho cuartos pues ya en el carro regresando a casa Olgui me dijo que es la primera vez que escuchaba un pedo con eco pues hasta lo escuchó rebotar en la pared del frente.

La próxima vez optaré por la rica y beneficiosa piña que es un tanto menos saludable que la sandia, pero eso si, mucho menos comprometedora. Namaste.

Saturday, September 12, 2009

La Difícil Vida De Un Cuentista.

Sabía que estaba en problemas, se había hecho tarde, jalé lo más que pude intentando, en vano, retroceder el frío y traidor reloj. Tomé la diagonal que lleva hacia el primer ovalo de la alameda variando mi acostumbrado camino que evitaba un encuentro indeseado con los de la “Gato Pardo”; pucha, eso era algo así como pasar por una aduana turca con un cigarrillo de los prohibidos en la mochila. Por suerte ese día y a esa hora hasta los gatos pardos, negros y de todo color dormían. Aliviado apuré aun más el paso casi hasta arrancar a correr mas paré el trote al reparar que no podía llegar agitado, eso me pondría en evidencia; debía llegar tranquilito, súper calmado y arrancarme, en primera, con una buena escusa; escusa que aun no lograba hilvanar. Al llegar al malecón el aire fresco con su olorcito a mar me recordó que ese día y ¡esa noche! eran de triunfo. La calma y con ella la dicha, regresó. Acababa de saborear el exquisito gusto de un placer nuevo, y por eso con el apuro y todo, caminaba esa noche sobre las nubes de un cielo encontrado. Había logrado, con la ayuda de ángeles inspiradores un beso que, tercamente, se me negaba.
La hora, el apuro, la brisa, la gracia, el miedo, el placer, la saliva y la sangre se me congelaron de un porrazo al ver una guillotina en la mirada de mi viejo, mas por suerte la adrenalina dijo ¡presente! y la mentira que se había negado en llegar, broto: ¡Que rico chifa! el que me invitó el viejo de la Chiqui, les juro que nunca hemos comido uno tan rico; olvídense de la calle Capón y que ocho cuartos, ¿Has visto la hora que es?, Casualmente viejito, justito cuando ya me venia, llegó el señor con unas bolsas olorosísimas y una sonrisa de oreja a oreja que hasta hoy se la desconocía, me invitó a pasar; como le decía nooooo.


De lo que me dijo mi viejo no me acuerdo, pa’ que les voy a fantasear, mas de lo que hizo mi vieja no me podré olvidar; se paró sin decir palabra y se fue derechito a la cocina, el instinto me alertó y la seguí, cogió el plato de comida que me esperaba tibiecito en su baño maría como de costumbre y con su carita de te jodiste por pinocho y diciendo como un conjuro de bruja mala, Esto no seria saludable (siempre naturista la cochita) recalentarlo otra vez, y zuasss ¡la tiró ¡a la basura!, casi grito para impedírselo mas logre apagar el sonido y con la boca abiertota de par en par mis tripitas lograron exhalar un gemidito, casi sordo, de protesta.


Con una mentira había logrado lo que por meses se me negaba y con otra saboreé un hambre desconocido, pues sabia que ella hacia guardia desde su cama de donde divisaba la puerta de mi cuarto esa noche más cerrada que nunca. Ese día, a la entradita de la noche, fui a visitar a la chiquilla que desde meses atrás me había templado. Dos veces había “rebotado” y la cosa iba con roche pues ya se iba haciendo popular el cáustico apodo de “Boingboing”. Canallitas los del barrio; mas tenía que reconocer que estaban, como siempre, endiabladamente precisos en la cuestión de colocar chapas. Al llegar a su casa le pedí quedarnos en la gradita de la puerta de calle y ahí arranqué con la primera mentira del día, He venido a despedirme, ¿A donde te vas?, No, no me voy a ninguna parte, me despido porque no pienso regresar nunca más al barrio y no quiero que el día que nos crucemos en el camino y al evitarte, pienses que me volví un atorrante despreciable, ¿Pero de que locura me hablas flaco?, Lo hago para no ser uno más de los que se mueren por tí y que tú ni pelota das, Pero si somos patazas, Casualmente eso es lo que no quiero que seamos. Y ahí fue que comencé a cosechar la venta de mi alma, Pero porque piensas así, sabes que me gustas, me importas, me encanta cuando cantas, a mi también me gusta estar contigo, Entonces... ¡¿Quieres estar conmigo?!, Claro tonto.


Si bien no he mentido a la Tarzán, es decir ir de mentira en mentira como de liana en liana, debo reconocer que mentía bastante y lo hice hasta el día en que comprendí lo que me dijo años después del recuerdo narrado mi mujercita linda: Mentir es como hacer trampa en el juego y así no vale la pena ni jugar ni ganar.