Va entrando con fuerza el friecito en el norte de nuestro gran islón obligándonos a buscar la cueva del oso más cercano. En este proceso, cambiar los trotes y caminatas al aire libre por ejercicios en el gimnasio es de cajón y es asi como llegamos a la primera clase de yoga de la temporada. Fui temprano para ubicarme en un lugar discreto y no perturbar la unidad del grupo que practica continuamente y que ya conforma un valet tibetano armonioso y por demás ultra silencioso. Rapidito escogí el lugar óptimo en el fondo sobre un altillo de madera alfombrada, plataforma de una sola grada que aporta una visión estratégica. Retiré unos taburetes que nada tenían que hacer con lo que nos proponíamos, tendí mi petate y arranqué a estirar mi cuerpo recontra endurecido. Al ratito llego mi mujercita y listos estábamos cuando la profesora apagó las luces dejando el cuarto en agradable penumbra, una musiquita de agüita en arroyo, el saludo tradicional, Namaste, Namaste, tendidos en el suelo aflojábamos todos los músculos sobretodo los del cerebro, escuchando la voz de la guía que llega como de lontano. Todo perfecto; bueno, casi todo pues una lucecita de la escalera de escape me daba en plena cara como pantalla eléctrica en interrogatorio policial, perturbando mi reiniciación en el mundo del relajo. Sigilosamente me paré y de pie puntillas subí por la escalera y acabé con la impertinente luz. Regresaba hacia mi ubicación y ya casi llegando que me doy contra los taburetitos que había dejado arremolinados por ahí, cayendo al piso dando un volatín completo y ovillándome entre los venditos armatostes produciendo un sonoro redoble de percusión envidiable hasta por la más bulliciosa banda de rock moderno pesado que acabó con todo el relajo logrado por toda la concurrencia. Joder con la lucecita esta de mierda, madre de mis desgracias del día. Tendido otra vez sobre el suelo y esta vez bien golpeado, con la piernas entreveradas entre taburetes, ¿Esta bien? preguntó la mujercita de voz arrurú que nos guía, después de un segundo de real meditación un si con larga pronunciación de la vocal que evidenciaba mi duda al respecto y que a su vez suplicaba un trágame tierra, despertó risitas de infame incomprensión con el caído. De situaciones así habrá nacido eso de que del árbol caído todos hacen leña; menos mal que la oscuridad, ahora casi total y no gracias a la providencia, me amparó en ese trance ominoso sin cadenas ni largos tiempos. Se me acerca la profe y habla para que la escuche solo yo, Por eso es que siempre dejo esa lucesita encendida. Como el golpe enseña, creo, que esa, ya la aprendí.
Recogimos los restos de lo que había quedado de los taburetes pues que mala es la industria moderna, reensamble mis huesos y reanudamos nuestra peregrinación mental hacia las tierras de los lamas hasta llegar a las exigentes posiciones en las que hay que topar el codo derecho con la rodilla izquierda sustentados sobre esa misma pierna y poniendo la otra estirada hacia atrás o donde puedas, girando el cuerpo para observar hacia la dirección que apuntan los dedos que buscan hacerle cosquillas a la axila del infinito, Mantengan la posición, sientan el relajamiento del cuerpo con cada exhalación, no fuercen mas allá de lo que su cuerpo les indica; en esas estábamos cuando, impertinentemente, un pedo traidor de esos tipo trompeta resonó en el ambiente de tal manera que el sonido salio con tal énfasis que fue como que si mi poto gritara ¡presente! demostrando que la sandía podrá ser uno de los alimentos mas saludables pero produce gas y del tipo eruptivo. Miré al costado, Olgui, mi amorcito lindo, estaba en total meditación, barrí los 180 grados en frente a mi, pues como les dije estábamos en el cómplice fondo, y lo mismo, todos en lo suyo; me alivié pensando que el pedo, sonido y olor, había sido absorbido por mi poderoso poder mental, pero que poder ni que ocho cuartos pues ya en el carro regresando a casa Olgui me dijo que es la primera vez que escuchaba un pedo con eco pues hasta lo escuchó rebotar en la pared del frente.
La próxima vez optaré por la rica y beneficiosa piña que es un tanto menos saludable que la sandia, pero eso si, mucho menos comprometedora. Namaste.
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Sunday, November 1, 2009
Friday, February 27, 2009
Resentimiento Hogareño
Me dolió en el alma su gesto inhumano. El, que incluso, entre sus funciones en la casa tiene la misión de colaborar con la limpieza, pero que voy hacer, así es el Ruzo y ni vuelta que darle. La cosa es que me resentí con él por el hecho que al estar sirviendo una de mis "sopas lavativas" se me derramó un poquito de la "proteica" (sopa lavativa con su proteína más, al agregarle su quinuita y unos pallarcitos), y en olímpico insulto a mi cocina y al naturismo en pleno; !él!, que ni bien cae al suelo algo, que no es para él sino para la mesa de la casa, lo desaparece en un instante; esta vez, ni lo olió siquiera y por supuesto menos lo lamió. Resentidísimo no le hable hasta el día siguiente, en el que en un acto de venganza, acto no característico ya en mi, le di un par de cucharones de mi sopa lavativa-proteica. Para mi sorpresa y el bien de nuestras relaciones familiares, al ratito el Ruzo convertido en un percusionista flamenco, limpio su plato. ¡Joder, que tal ritmo y sonido!. Al terminar, se dio maña para meter tremendo ruido con su plato vacío que lo tomo como el mayor halagó a mi buena cocina.
Estaba escuchando un coro ruso, por coincidencia, que cantaba katusha, y por cuestión genética quizás, el Ruzo se me arrancó a acompañar con su aullido a la coral. Si solo le falta hablar.
Tenemos pues en común, entre otras cosas, el gusto por la buena música y sobre todo por una buena "sopita lavativa del tío Toño". Ahora, en casa, ya somos dos los que nos lavamos proteínicamente.
Estaba escuchando un coro ruso, por coincidencia, que cantaba katusha, y por cuestión genética quizás, el Ruzo se me arrancó a acompañar con su aullido a la coral. Si solo le falta hablar.
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