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Saturday, August 7, 2010

LOS CUATRO MIEDOS

La lucha contra los miedos que atenazan al ser humano es parte fundamental de la filosofía de Epicuro; no en vano, ésta ha sido designada como el "tetrafármaco" o medicina contra los cuatro miedos más generales y significativos: el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el miedo al dolor y el miedo al fracaso en la búsqueda del bien.
Si bien Epicuro no era ateo, entendía que los dioses eran seres demasiado alejados de nosotros, los humanos, y no se preocupaban por nuestras vicisitudes, por lo que no tenía sentido temerles. Por el contrario, los dioses deberían ser un modelo de virtud y de excelencia a imitar, pues según el filósofo viven en armonía mutua, manteniendo entre ellos relaciones de amistad.
En cuanto al temor a la muerte, lo consideraba un sin sentido, puesto que “todo bien y todo mal residen en la sensibilidad y la muerte no es otra cosa que la pérdida de sensibilidad”. La muerte en nada nos pertenece pues mientras nosotros vivimos no ha llegado y cuando llegó ya no vivimos.
Por último, carece también de sentido temer al futuro, puesto que: “el futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”.
Nota extraida de "Wikipedia"

Thursday, April 23, 2009

Fuentes de Energía

Las personas extrovertidas tenemos nuestra principal fuente de energía en la interrelación con los demás; en cambio, los introvertidos tienen la suerte de tenerla dentro de si mismos. Algo así como que vienen con las pilas internas puestas. Más unos y otros energía tenemos y debemos de recargar y lo que es mejor, utilizar.

En la película que se suponía de ficción The Matrix, que cada vez más la voy encontrando más cargada de realidad, los humanos éramos utilizados como simples elementos que completamente aislados aportábamos lo único utilizable que la gran maquinaria requería de nosotros: nuestra energía.

Para ello había que mantener las fuentes energéticas enchufadas doblemente. Por un lado el enchufe de atrás por donde nos metían el programa mental de lo que es la vida y que remplaza al que nuestro cerebro libremente elaboraría. Por adelante nos enchufaban los cables extractores de nuestra energia animal. Y asi, mientras las baterías humanas vivian un permanente e iluso sueño, estas eran desprovistas del mínimo desarrollo humano real.

!Ah! que que alivio pensar que eso es solo pura ficción.

La precisión del escritor de la película, que dicho sea de paso hoy esta en polémica discusión sobre quien la escribió y quienes no, va mas allá con la triste realidad de esos humanos, presentando el factor del rechazo de los que advertidos de su real situación optaban por el tubo fácil de la complacencia e inacción. Mejor una mentira acomodadora que una verdad exigente. Así, los inadvertidos y los negadores, ambos, aceptaban su pobre papel.

Por costumbre, cuando no encuentro claridad en mi visión opto por preguntar, y como desde que fui conociendo el poder y alcance del pensamiento lozano de los chiquitines que revuelan por casa, que primero fueron sobrinos y luego los míos propios, le pregunte a mi hijo menor sobre lo que pensaba de la película. Me responde con su estilo corto y directo: La película es ficción, los conceptos son totalmente reales.

Me contaba además, en el trayecto hacia su colegio, que los epicuristas (seguidores del pensamiento de Epicuro) encuentran la felicidad en el balance entre la interrelación humana y el análisis mental. ¡Ah! mi filosofito.

Así que, independientemente si cargamos las pilas con otros o de nosotros mismos, debemos deslindar algo fundamental en la potencialización de nuestra energía: O vamos con los seguidores de Platón a que nos sigan leyendo nuestros oráculos; o como Epicuro, optamos por buscar la fuerza en la simpleza del momento vivido en aras de encontrar la tranquilidad y libertad lejos de todo miedo, superstición, y predestino supuesto.

Lo primera opción nos detiene ya por cientos de años, la segunda nos daría las alas que sin querer queriendo hemos, en mucho, recortado.

Al final de cuentas, unos y otros, energía hemos desperdiciado.